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“Llegar”/”To arrive”

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El otro día, en uno de mis muchos monólogos interiores, estaba pensando en el discurso motivacional que haría a las personas como yo cuando al fin logre saber adónde estoy yendo, cuál es el propósito de todas las vueltas que estoy dando (aparentemente sin sentido) y logre encontrar mi lugar en el mundo.

Las “personas como yo” somos aquéllas que, tengamos la edad que tengamos, vamos por la vida sin un rumbo fijo, sin una meta, sin una ilusión particular, sin una idea fija pero, al mismo tiempo, con millones de cosas que queremos hacer, ilusiones, experiencias que queremos vivir, trabajos que queremos desarrollar, personas que queremos ser…

El ser así es maravilloso cuando no te paras mucho a pensar, cuando no haces un balance serio y, sobre todo, cuando no te comparas con personas de tu misma edad. Y digo que es maravilloso porque, si echo la vista atrás a esta última década (!?), he hecho cientos de cosas que quería hacer, he visitado decenas de países, he cumplido varios sueños y he conocido a personas apasionantes.

Mientras todas mis amigas y compañeros de la Universidad estaban estudiando y tomándoselo en serio, yo estaba estudiando una carrera que me gustaba, pero no me apasionaba porque no sabía muy bien qué iba a hacer con ella… Y digo que “estaba estudiando” aunque lo que debería de decir es que estaba matriculada. Después de un catastrófico primer año en el cual me lo pasé genial conociendo a mucha gente y leyendo mucha Literatura y aprendiendo mucha Historia, pero en el que sólo me presenté a un examen, tuve mi primera “crisis” de no saber qué estoy haciendo con mi vida. Así que ahí lo tenemos: estaba haciendo lo que quería, pero no me servía de nada porque no le veía ninguna salida profesional. No obstante, cuando pasan el par de días de crisis existencial, el optimismo vuelve a su cauce y lo normal es volver a pensar que todo tiene su por qué.

Decía precisamente Steve Jobs en un discurso fenomenal que se ha convertido en uno de mis mantras que, el momento en el que “llegas”  y empiezas a conectar todos los puntos de lo que has ido haciendo o te ha ido ocurriendo en tu vida, es cuando te das cuenta de que todo, absolutamente todo, te ha aportado algo de lo que vas a sacar uso para tu futuro. Y en éso creo: de todo lo que hacemos se puede sacar una lección, una experiencia, un uso. Sea para ayudarte a pasar una mala racha, para solucionar un problema, para encontrar un trabajo…

Y visto así, mi paso por la Universidad me trajo un giro a mi vida: la oportunidad de finalizar mis estudios en el extranjero. Porque sí, como no sabía muy bien por qué estaba estudiando esa carrera pero tampoco sabía que hacer si no, pues seguí con ella. Y cuatro años después, estaba viviendo en otro país. Spoiler alert: sigo en el mismo país desde entonces.

Nunca voy a saber cómo habría sido mi vida si hubiese pasado los comienzos de mi vida adulta en mi país, con la comodidad de estar en mi cultura y solucionar problemas en mi lengua materna. Así que no puedo saber si ahora sería una mejor persona, tendría un mejor trabajo o si sería más feliz. Sin embargo, sí creo que me he llevado muchísimo y que la fortaleza que le da a tu personalidad estar sola en otro país y sacarte las castañas del fuego sin tu familia o amigos de toda la vida al lado, es inigualable. Aparte del hecho de que hablo fluídamente un idioma que, aunque yo adoro, es considerado uno de los más difíciles del mundo.

Precisamente para aprender a hablar el idioma y para conocer a gente y, obviamente subvencionar mis estudios en el nuevo país, busqué un trabajo de estudiante como camarera. Y he aquí otro de los “hechos” en mi vida que, normalmente, veo como algo maravilloso pero que, en los momentos “crisis”, pienso que jugué mal mis cartas.

Fue una de las épocas más felices de mi vida. Dicho sea de paso. De estar sola y, con 24 años no tener a nadie con quién salir o ir a tomar un café, empecé a conocer a gente divertida, a salir, a hacer amigos (algunos incluso íntimos hasta el día de hoy) y a por fin soltarme a hablar el idioma cada vez mejor. Además, la gente que alguna vez ha trabajado o trabaja en Hostelería me entenderá cuando digo que no me imagino trabajo más sacrificado y estresante pero, a la vez, más gratificante. Aprendí lo que es trabajar en equipo de verdad, trabajar como si el local fuese mío, tratar con clientes y que todo, absolutamente todo, tiene su solución. El único aspecto negativo es que, aunque para mí fue una experiencia de crecimiento personal y, sí, también profesional, no es algo que quede espectacular en el currículum. Y a éso me refiero con lo de que a veces pienso que jugué mal mis cartas ya que no me busqué un trabajo “de CV”.

Cuando al fin me centré y terminé mis estudios (unos cuantos años después) me senté a buscar trabajo. Y ésa fue la crisis existencial más duradera que tuve. Con 29 años y una carrera que tardé una eternidad en terminar y con experiencia laboral como estudiante y en los empleos más dispares (camarera, dependienta en ZARA, asistente de dirección y profesora en una escuela de idiomas, …) no me resultó nada fácil encontrar un trabajo a mi medida. Yo pensaba que sería muy valorable mi flexibilidad por haber desarrollado mis trabajos anteriores y porque siempre trabajé a largo plazo y presenté muy buenas cartas de recomendación. Pero no.

En esa época sólo veía mi fracaso. Me sentía como en la fábula de La Cigarra y La Hormiga: todos mis conocidos empezaban a ascender en sus trabajos, a cosechar éxitos, a formar una familia, a progresar y yo estaba totalmente estancada y con los 30 a la vuelta de la esquina.

Después de muchos currículums enviados,  muchas lágrimas y muchos “y si hubiese hecho las cosas de otra forma” cambié la forma en la que estaba planteando la situación.

Pensaba que tenía que apurarme en tener una vida establecida, un horario fijo, conocer a un hombre y tener hijos próximamente. Y mientras pensaba éso,  más y más me deprimía porque no salía, porque no sabía lo que quería hacer.

Y ése era el problema: no sabía lo que quería hacer, no tenía absolutamente ni idea. Pero sí sabía una cosa: que éso que estaba buscando tan desesperadamente era , precisamente, lo que no quería bajo ningún concepto.

Me prometí que sería la última vez que me iba a dejar influenciar por lo que se espera de mi. Dos semanas después había pasado el proceso de selección en una aerolínea y me había embarcado, literalmente, en un sueño. Iba a trabajar como azafata de vuelo, iba a hacer de mi pasión número uno mi trabajo. Y, creedme, que ha sido otra de las épocas más felices de mi vida. He vivido tantas experiencias maravillosas y se me abrieron posibilidades infinitas para ser feliz.

Unos meses después de haber dado este giro a mi vida, hice uno de mis viajes sola: Bali y Sydney. Lo que este viaje significó para mi y cómo me sentí da para otro post largo. Pero creo que pertenece aquí uno de los momentos más inexplicablemente maravillosos que viví durante ese viaje y que tiene que ver con la cadena de pensamientos que estoy describiendo hoy.

Estaba en la cubierta de un barco al aterdecer de camino a Darling Harbour, tapada con una manta porque hacía un poco de frío. Escena idílica pensé. Estoy completamente sola en este continente pensé. Mi familia está a miles y miles de kilómetros pensé. Y nunca, jamás, me había sentido tan en paz conmigo misma, tan agradecida, tan feliz. En aquel barco, viendo el atardecer sobre Sydney  y estando tan sola como nunca antes lo había estado en mi vida, tuve por primera vez algo claro: que pase lo que pase, tome las decisiones que tome, siempre voy a encontrar el camino. Sea cual sea.


 

A few days ago, as I was experiencing one of my stream of conciousness, I was thinking about the motivational speech I could give to people like me. First, I have to know myself where I am going to, what is the purpouse of all the paths that I have been taking (aparently without a goal) and when I finally find my place in the world.

With “people like me” I mean people of any age that go through life without a specific goal, without a specific dream, without a specific idea but, at the same time, willing to do a million things, to make new experiences,to become someone, to do a certain job…

Being like that is wonderful when you do not stop to think a lot, when you do not make an account of the things that you should have done and, above all that, when you do not compare yourself to other people in your age. But I do believe that beign like that is wonderful because, if I look back to the last decade (?!), I have done hundreds of things that I wanted to do, I have visited dozens of countries, I have made many dreams come true and I have met incredible people.

While all of my friends and fellow students worked hard at University and took it seriously, I was on a Degree I liked but that I was not passionate about. I did not know what I was going to do when I finished. After the first year at University, I only took one exam and I experienced my first “crisis” as I did not know what I was doing with my life. So there it was: I was doing what I liked but something that I thought would not bring me any professional future. Nevertheless, when these “existential crisis” days go by, things come back to normal and I start thinking that everything has its reason.

It was Steve Jobs who said, on an amazing speech that has become my mantra, that the moment when you “arrive” in life and you start connecting the dots that you have been making, is when you realise that everything, absolutely everything, that you have done so far has taught you something that you may use in the future. And I truly believe in that: everything teaches you a lesson, an experience, there is a use for it all. Maybe to help you through a bad period, to find a solution to a problem, to find a job…

So if I look at it like that, my University experience brought a turning point to my life: the oportunity to finish my Degree abroad. I neither knew why I was stuyding that, nor did I know what else to study, so I just kept going. And 4 years later, I was living in another country. Spoiler alert: I am still living in that country.

I will never know how my life would have turned out to be, if I had not spent my early adult age in another country, with the comfort of living in the realm of my culture, solving problems in my own language. So I cannot know if I would now be another kind of person, with a better job or happier. However, I do believe that I have gained a great deal and that the growth that your personality experiences when you are alone in another country is one of a kind. Apart from the fact that I speak fluently a language that, although I love, is considered to be one of the most difficult in the world.

It was precisely in order to learn the language, to meet new people and, of course, to be able to pay for University, that I looked for a job and found one as a waitress. And here we have another of the “events” that I usually regard as wonderful but that in times of “crisis” I think as if I had not played my cards right.

By the way, it was one of the happiest periods of my life. From being alone, and at 24 not having friends to go out with, I started meeting nice people, going out, making friends (some friendships still last) and I finally started feeling more and more comfortable speaking the new language. Those who have worked in the hopitality field will understand when I say that I consider it to be one of the most demanding and stressful jobs in the world but, at the same time, very rewarding. I learnt how it is to really work in a team, working as if it were my own restaurant, dealing with clients and that everything, absolutely everything, has its solution. The only negative aspect is that, although for me it meant a great experience and personal -and, yes, also professional- growth, it is not something that everybody appreciates on your CV. And that is what I mean by not having played my cards right.

When I finally focused and  finished my Degree (several years later) I sat down and started looking for a job. The right job (whatever that meant). And it was then when I experienced the longest existential crisis. I was 29, I had needed a lot of years to finish University, my professional experience was just as a student and I had had the most different kinds of jobs (waitress, sales assistant at ZARA, personal assistant, teacher at a school of languages,…) Therefore, it was everything but easy to find a job, let alone the “right one”.

I had always thought that my flexibility to have done such a variety of jobs, on a long term and with good recommendation letters, would be appreciated by a company. But it was not, or at least not in the ones I contacted.

Back then, I only saw failure. I felt like in The Ant and The Grasshopper fable: the people I knew started to get upgraded, to be successful, to build a family… And I was completely stuck with my life and my 30th birthday was just around the corner. I was definitely the grasshopper I thought.

After many unanswered CVs, many tears and many “what if I had done things differently” later, I changed the way I was regarding the situation.

I thought that I had to run for a settled life, a settled timetable, I needed to find a man and get children in the next years. And the more I thought about that, the sadder I became as I did not know what to do.

That was the problem: I had no idea what I wanted to do. I absolutely had no idea. But one thing I did know: that the things that I was so desperately pursuing were exactly the things I did not want AT ALL.

I swore that this was the last time that I was going to let the expectations others have on me to ever affect me. Two weeks later, I had passed the assesment center of an airline and I had, literaly, got on board of a dream. I was going to work as a flight attendant, my passion number one was going to become my job. Believe me when I say that that was another one of the happiest periods of my life. And not only that, the doors to new wonderful experiences opened as well.

A few months after this other turning point in my life I made one of my travels on my own: to Bali and Sydney. What that journey meant to me would be long enough for another post. But I would like to describe here one of the most amazing moments that I have experienced during that journey as I think it has to do with the chain of thoughts that I am trying to describe on this post.

I was on the deck of a boat going to Darling Harbour, the sun was setting and I was covered with a blanket because it was pretty cold. Idyllic moment I thought. My family is thousands of kilometres away I thought. I am completely alone in this continent I thought. But I had never ever felt so at ease with myself, so thankful, so happy. On that boat, on that day, watching the sunset over Sydney and being as alone as one can be, something was suddenly clear to me: come what may, whatever decisions I take, I will always find my way. No matter how.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

4 thoughts on ““Llegar”/”To arrive””

  1. I am currently going through a crisis of my own. I feel what I am doing is what I need to be doing, but not what I want. And I do not see any real way around that. Thank you for this piece of writing though. Gives me hope 🙂

    Liked by 1 person

    1. It is not a crisis, it is a turning point to something good happening 🙂 You are not a settler as you are willing to quit smoking, you are learning to code (for a reason you will learn some day) You will make the best of it. I’m sure.

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